Qué reveló el estudio sobre los hábitos nocturnos
El análisis se basó en datos de más de 300.000 adultos del Biobanco del Reino Unido, seguidos durante un período aproximado de 14 años. Los resultados mostraron que las personas con mayor actividad nocturna presentan una salud cardiovascular menos favorable que el promedio.
En concreto, los participantes identificados como noctámbulos registraron un 16 % más de probabilidades de sufrir un primer infarto o un accidente cerebrovascular en comparación con quienes tenían rutinas más diurnas.
El papel del ritmo circadiano
El ritmo circadiano es un reloj biológico de aproximadamente 24 horas que regula funciones como el sueño, la vigilia, la presión arterial, la frecuencia cardíaca, las hormonas del estrés y el metabolismo.
Cuando este ritmo no coincide con los horarios cotidianos, pueden aparecer conductas poco saludables, como dormir menos de lo necesario, reducir la actividad física o adoptar una alimentación desequilibrada.
Hábitos que ayudan a reducir el riesgo
Los investigadores subrayan que el impacto negativo no es inevitable. Mantener hábitos básicos de salud cardiovascular puede compensar en gran medida los efectos del cronotipo nocturno.
Entre las recomendaciones principales se encuentran: dormir lo suficiente, evitar el tabaco, realizar actividad física regular, llevar una dieta equilibrada, controlar la presión arterial, el colesterol, los niveles de azúcar en sangre y el peso corporal.
El problema de vivir en horarios desalineados
Una de las mayores dificultades para las personas nocturnas es adaptarse a rutinas diseñadas para madrugadores. Levantarse temprano sin haber descansado lo suficiente puede afectar el metabolismo y dificultar la adopción de hábitos saludables.
Además, el cuerpo no procesa los alimentos de la misma manera en todas las horas del día, por lo que comer en momentos que no coinciden con el reloj biológico puede generar efectos adversos.
Conclusión
Ser noctámbulo no implica una condena automática para la salud del corazón. Sin embargo, el estudio refuerza la importancia de alinear los hábitos diarios con el ritmo biológico y priorizar conductas saludables para disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares.



















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